La negatividad supera la positividad, pero ¿cuánta positividad se necesita para igualar las dos?

Si la negatividad sobrepasa a la positividad; ¿cuánta positividad se precisa para sostener la estabilidad entre las dos?

Saliendo de un Starbucks en mi localidad natal de los suburbios, tenía las manos repletas cargando el Coffee  Frappuccino. La puerta se abrió de alguien que entraba (transcurrido un tiempo especial, debo añadir). Entraron primero, mas de manera extraña, no sostuvieron la puerta abierta, traté de llevar a cabo el truco de parar la puerta con el pie. Me las arreglé bien, mas tío, se encontraba cabreado.

Mis pensamientos se precipitaron, «¿qué hice para merecer eso? ¿A esa persona no le agradaba o bien aun me conocía? ¡Qué estúpido, qué desconsiderado!» Este fácil acercamiento períodico me incordió claramente por el resto del día. Me infecté con negatividad; mi reacción a este hecho agrió mi humor y afectó de manera negativa mis relaciones con el resto.

¡Ese es el poder de una interacción negativa! Si este hecho podría haber sido diferente y el irreconocible hubiese sostenido la puerta, el «gracias» hubiese seguido y se hubiese sentido bien. No obstante, en cuestión de minutos, esa sensación efectiva habría desaparecido.

Las relaciones negativas tienen considerablemente más peso que las vivencias positivas. Esa es una de las razones por las cuales es más simple criticar que felicitar.

Entonces, ¿cuánta positividad se precisa de todos modos para compensar lo negativo?

La investigación del Dr. John Gottman examinó los matrimonios triunfantes y no triunfantes. Completó más de 12 estudios longitudinales y examinó 3.000 parejas, aun siguiendo a una pareja a lo largo de más de 20 años. Ocasionalmente pronosticó matrimonios que acabarían en divorcio con más del 90% de precisión.

La proporción de relaciones positivas y negativas para los matrimonios triunfantes fue de 5:1. Se precisaban cinco vivencias positivas por todas las negativas. Tengan presente que esta proporción era de nuestras relaciones más sagradas, en las que más hemos invertido. Por otra parte, las parejas no triunfantes tenían una proporción de 0.8 a 1 de vivencias positivas a negativas.

Las vivencias negativas sencillamente tienen más peso que las positivas. Por esa razón recordamos lo malo más que lo bueno. El desprecio de un cónyuge en frente de el resto es considerablemente más hiriente que el caluroso sentimiento de un cumplido de «linda camisa, cariño». Lo malo pesa más que lo bueno, y se precisa considerablemente más esfuerzo para corregir una herida.

Si no somos positivos con el resto en una proporción de 5:1, entonces se genera un extraño efecto bumerán en el que nos volvemos negativos con nosotros. Obsequiamos lo que tenemos en nuestro estado anímico, y si obsequiamos nuestra negatividad, entonces se genera la espiral negativa de la negatividad.

La manera más fácil de ser positivo con nosotros es ser positivo con el resto. Si somos capaces de adoptar el principio del 5:1 con el resto, entonces nos asistimos a nosotros y a el resto. Nadie puede contribuir a el resto sin asistirse a sí mismo. La positividad ha de ser deliberada. Fijar una meta para otorgar cinco comentarios positivos, retroalimentación o bien relaciones a todos los encuentros negativos.

https://actualidadmundo.com/2020/07/26/historias-de-espectros-para-leer-en-la-obscuridad-3a-parte/

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